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Punto de quiebre: Cuando el teatro nos obliga a decidir

Hay decisiones que parecen pequeñas. Un «sí» dicho para no quedar fuera. Una invitación que aceptamos porque todos los demás lo hacen. Un instante en que sabemos que algo no está bien, pero aun así seguimos adelante.


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Y hay momentos en que esas pequeñas decisiones pueden convertirse en un punto de quiebre.

Desde esa realidad cercana, compleja y profundamente juvenil nació Punto de Quiebre, obra de creación colectiva presentada el miércoles 26 de agosto por estudiantes de III y IV Medio del Electivo de Creación e Interpretación en Teatro, bajo la guía de la profesora María Isabel Ruz.

Pero esta vez los estudiantes no recibieron simplemente un libreto para aprenderlo y subir al escenario. La obra fue el resultado de un trimestre completo de creación: improvisaron, levantaron personajes, construyeron escenas, exploraron las posibilidades de la expresión corporal y vocal, ensayaron, discutieron, hicieron acuerdos y transformaron sus propias preguntas sobre la realidad juvenil en lenguaje teatral.

Así fueron dando forma a una historia capaz de internarse en territorios difíciles: el consumo de drogas, la presión social, la necesidad de pertenecer, la toma de decisiones y las consecuencias que estas pueden tener en nuestra propia vida y en la de quienes nos rodean.

Y allí radicó buena parte de la fuerza de Punto de Quiebre. Porque quienes estaban sobre el escenario eran jóvenes hablando de aquello que puede ocurrirles a los jóvenes.

Hacerlo exigió creatividad y disciplina, pero también valentía. Supuso atreverse a representar situaciones incómodas, formular preguntas que no siempre tienen respuestas sencillas y comprender que el teatro puede ser mucho más que entretenimiento: puede convertirse en un espejo donde mirarnos y, algunas veces, reconocernos.

El trabajo conducido por la profesora María Isabel Ruz permitió que ese proceso artístico fuera también una experiencia educativa. Cada ensayo fue construyendo no solamente una obra, sino un espacio de colaboración en el que hubo que escuchar al otro, sostener una escena, asumir responsabilidades y descubrir que una creación colectiva solo funciona cuando el talento individual aprende también a ponerse al servicio del conjunto.

Sobre el escenario estuvieron los estudiantes de IV Medio Sofía Marín, Gabriel Jiménez y Sofía Garrido, junto a Emilia Pérez, Fernanda Muñoz, Braulio Padilla, Cristóbal Molina, Sofía Miranda, Catlian Miranda, Florencia Lira, Aixa Espinoza, Ibanna Elizondo, Fernanda Céspedes, Jorge Caroca, Anaís Becerra, Thomas Arancibia, Damián Arancibia y Rocío Acevedo, de III Medio.

Pero la última escena no significó el final.

Precisamente porque el propósito era que aquello representado pudiera seguir resonando más allá del escenario, inmediatamente después se desarrolló el conversatorio «Después del Punto de Quiebre: conversar también es prevenir», con la participación de Daniela Vergara, encargada de Convivencia Escolar, y Giovanna Osorio, encargada comunal de SENDA.

Entonces la ficción se transformó en palabra compartida.

Se habló de la presión que puede ejercer un grupo cuando necesitamos sentirnos aceptados; de aquellas decisiones tomadas casi sin pensar que después pueden tener consecuencias profundas; de la posibilidad de detenerse antes de actuar y, especialmente, de algo que nunca debería parecernos signo de debilidad: pedir ayuda.

Familia, profesores, Convivencia Escolar y las distintas redes de prevención y acompañamiento aparecieron así como aquello que verdaderamente son: personas y espacios a los cuales acudir cuando una situación comienza a sobrepasarnos.

La experiencia dejó también otra certeza. Educar no consiste únicamente en entregar respuestas; algunas veces significa crear las condiciones para que aparezcan las preguntas correctas.

Eso hizo el teatro aquella jornada.

Los estudiantes pusieron el cuerpo, la voz y la creatividad al servicio de una conversación necesaria. Convirtieron un escenario en lugar de encuentro, la actuación en pregunta y el arte en una posibilidad concreta de prevención.

Porque todos podemos encontrarnos alguna vez frente a un punto de quiebre.

Y quizás la verdadera diferencia no esté en vivir una vida sin decisiones difíciles, sino en aprender que, cuando ese momento llegue, podemos detenernos, pensar, elegir y buscar a alguien que nos ayude.

Punto de Quiebre terminó sobre el escenario.

La conversación que abrió, afortunadamente, recién comenzaba.

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