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¿Por qué no nosotras? Cuando la curiosidad se atreve a dar un paso más

Todo comenzó de una manera bastante cotidiana: con una publicación en redes sociales. María Ignacia Rubio y Amanda Céspedes, estudiantes de IV medio de nuestro colegio, conocieron así la convocatoria a la IV Jornada de Investigación del Hospital Dr. Franco Ravera Zunino (Hospital Regional), realizada el pasado 16 de octubre en Rancagua.


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La invitación era una oportunidad para acercarse al mundo de la investigación científica y conocer trabajos desarrollados principalmente por estudiantes universitarios, profesionales e investigadores.

En principio, la idea era simplemente asistir.

Pero entonces surgió una pregunta que terminó cambiándolo todo:

¿Y si presentamos nuestra propia investigación?

No era lo esperado. No era un espacio pensado especialmente para estudiantes de enseñanza media. Tampoco tenían detrás años de formación universitaria ni experiencia profesional en investigación. Lo que sí tenían era curiosidad, entusiasmo y algo que muchas veces resulta decisivo para comenzar cualquier aventura: se atrevieron a intentarlo.

«Sabíamos que esta era una instancia pensada principalmente para universitarios e investigadores —cuentan—. Aun así, nos atrevimos, motivadas por nuestras ganas de aprender, investigar y demostrar que, aunque todavía estamos en el colegio, también podemos aportar al conocimiento científico».

Y se pusieron manos a la obra.

De una inquietud a una investigación

María Ignacia y Amanda eligieron un tema extraordinariamente actual: la relación entre psicología e inteligencia artificial. Querían explorar por qué algunas personas recurren a herramientas de IA buscando apoyo emocional o psicológico y qué diferencias pueden existir entre las respuestas proporcionadas por estas tecnologías y aquellas que puede entregar un profesional.

Formularon una pregunta de investigación, diseñaron una encuesta, recogieron información, conversaron con profesionales del área de la salud y compararon respuestas ante determinadas situaciones. Durante aproximadamente dos meses y medio investigaron, discutieron, corrigieron y volvieron a intentar.

Como ocurre en toda primera experiencia investigativa, el trabajo también tuvo dificultades y limitaciones metodológicas. Y eso forma parte del aprendizaje. Investigar no consiste simplemente en encontrar respuestas: significa aprender a formular mejores preguntas, descubrir hasta dónde permiten llegar los datos y reconocer aquello que todavía necesitamos estudiar mejor.

En este camino fueron fundamentales el acompañamiento y orientación de su profesora Marlene Osorio, quien las guio durante las distintas etapas del proceso, y el apoyo y colaboración de la profesora Marla Palacios, además de otros docentes que facilitaron espacios para que las estudiantes pudieran desarrollar su proyecto.

Las únicas estudiantes de enseñanza media

Finalmente llegó la noticia: su trabajo había sido aceptado.

El 16 de octubre, María Ignacia y Amanda llegaron al auditorio del Hospital Dr. Franco Ravera Zunino para presentar su póster científico, titulado «Psicología e Inteligencia Artificial».

A su alrededor había estudiantes universitarios y profesionales. Ellas eran las únicas estudiantes de enseñanza media que presentaban una investigación.

Había nervios, naturalmente. Pero también estaba detrás todo lo aprendido durante aquellos meses.

«El día de la presentación, entre nervios y emoción, finalmente expusimos nuestro póster científico, viendo cómo todo el trabajo realizado durante ese tiempo se convertía en una experiencia inolvidable».

Y todavía faltaba una sorpresa.

Al finalizar la jornada, María Ignacia y Amanda recibieron el reconocimiento a la “Mejor Presentación Póster”.

Un premio hermoso. Pero quizá no sea lo más importante de esta historia.

Atreverse

Lo verdaderamente valioso ocurrió mucho antes de recibir aquel reconocimiento.

Ocurrió cuando dos estudiantes vieron una convocatoria y, en lugar de pensar «esto no es para nosotras», se preguntaron «¿por qué no?».

Ocurrió cuando decidieron escribir al hospital para averiguar si podían participar.

Cuando transformaron una inquietud en una pregunta.

Cuando aceptaron que para investigar había que estudiar cosas que todavía no sabían.

Cuando perseveraron durante dos meses y medio.

Cuando se presentaron ante personas con mayor experiencia que ellas y defendieron su trabajo.

Por eso, quizá la mejor conclusión de esta experiencia no está escrita en el póster científico. Está en las propias palabras de María Ignacia y Amanda:

«Esta experiencia nos demostró que, a veces, las grandes oportunidades comienzan con algo tan simple como una publicación en redes sociales y con el atrevimiento de creer que también podemos ser parte de ellas».

Ese es también el mensaje que queremos compartir con todos nuestros estudiantes.

Hay oportunidades que llegan con una invitación formal. Pero hay otras que aparecen discretamente: en una conversación, en un libro, en una publicación que alguien comparte, en una pregunta que surge durante una clase o en una idea que parece demasiado grande para nuestra edad.

La curiosidad abre puertas. El estudio nos prepara para atravesarlas. La perseverancia nos permite continuar cuando aparecen las dificultades.

Pero antes de todo eso hace falta algo mucho más sencillo:

atreverse a tocar la puerta.

María Ignacia y Amanda lo hicieron.

Y la puerta se abrió.

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