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Cuando uno colegio aprende a convivir, entonces es familia
Hubo un momento, cerca del mediodía, en que miré el patio del Colegio Amada Sofía García y entendí que aquello ya no era solo una actividad escolar. Era algo más profundo. Más humano. Más necesario.
El pasado lunes 27 de abril vivimos una jornada que quedará resonando largo tiempo en la memoria de nuestra comunidad educativa: la celebración del «Día de la Inclusión y la Convivencia Escolar», una experiencia que reunió a estudiantes, docentes, asistentes de la educación, apoderados y profesionales en torno a una convicción sencilla, pero poderosa: nadie debería sentirse solo en el lugar donde aprende y crece.
Desde temprano se respiraba un ambiente distinto. Los pasillos estaban llenos de movimiento, de conversaciones, de sonrisas espontáneas. Había expectativa. Y también una cierta emoción silenciosa, de esas que no se anuncian, pero se perciben.
La jornada comenzó con espacios de reflexión al interior de cada curso, guiados por material proporcionado por el Ministerio de Educación. Pero aquello no se sintió como una obligación académica. Se sintió como una pausa necesaria. Vi estudiantes hablar de respeto, de empatía, de inclusión y de buen trato con una honestidad que a veces los adultos olvidamos tener. Por un instante, las salas dejaron de ser solo salas: se transformaron en lugares donde cada voz tenía valor.
Más tarde llegó uno de los momentos más vibrantes de la jornada: la presentación de la compañía «Teatro del Homenaje» con la obra Mi Amigo Moncho. Y ahí ocurrió esa magia extraña que solo el teatro consigue provocar. Hubo risas, silencios atentos, miradas emocionadas y reflexiones profundas escondidas entre diálogos sencillos. La obra abordó la convivencia, la inclusión y la diversidad desde una cercanía conmovedora, conectando con estudiantes de todas las edades. Era hermoso mirar sus rostros: algunos reían a carcajadas; otros parecían descubrir algo de sí mismos en escena.
Pero el día aún guardaba más vida.
El patio volvió a llenarse de energía con las actividades organizadas junto al Departamento de Deportes de la Municipalidad de Coltauco y el equipo liderado por Leicy Rivera. Entonces aparecieron los juegos, las dinámicas grupales, las carreras improvisadas, las risas contagiosas y ese lenguaje universal que nace cuando las personas comparten sin miedo. Desde los más pequeños hasta los estudiantes mayores participaron con entusiasmo, demostrando que convivir también es aprender a disfrutar juntos.
Y quizás eso fue lo más valioso de toda la jornada: comprender que la convivencia escolar no se reduce a evitar conflictos. Convivir es construir comunidad. Es aprender a mirar al otro sin convertirlo en amenaza. Es descubrir que las diferencias no nos debilitan: nos vuelven más humanos.
Al finalizar el día, mientras los estudiantes compartían un espacio de camaradería y el colegio lentamente recuperaba su calma habitual, quedaba la sensación de haber vivido algo importante. Algo que no cabe completo en fotografías ni en registros oficiales. Porque hay jornadas que no solo se realizan: se sienten.
Como comunidad educativa, agradecemos profundamente a cada estudiante, apoderado, docente, asistente de la educación, auxiliar, profesional, integrante del Equipo Interdisciplinario, Equipo de Convivencia Escolar y Equipo Directivo que hizo posible esta experiencia.
Porque convivir no es solamente compartir un espacio.
Es aprender, día tras día, a construir juntos un lugar donde cada persona pueda sentirse valorada, respetada y feliz de pertenecer.
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