Vacuna de emociones positivas. ¿Existe?
Durante el 2024 un total de 57 niños, niñas y adolescentes entre 10 y 17 años fallecieron por lesiones autoinfligidas. Entre 2019 y 2024 también aumentó la cantidad de adolescentes de cuarto medio que afirman sentirse solos (10,7%). El diagnóstico pone de manifiesto, además, que se presenta una tendencia al alza en el promedio mensual de atenciones de salud mental e intervenciones por consumo de alcohol y otras sustancias, alcanzando en 2024 el nivel más alto registrado hasta la fecha (Fuente: Defensoría de la niñez).
Según la Encuesta Nacional de Salud Mental 2021, el 15,2% de los niños y adolescentes entre 15 y 19 años presenta síntomas de ansiedad y depresión moderados o graves. Un estudio de la Defensoría de la Niñez en 2023 reveló que el 52,9% de los adolescentes estudiantes de educación media de la zona norte de Santiago cumplen con criterios para uno o más problemas de salud mental, siendo el 35,2% para depresión, 25,9% para ansiedad generalizada y 28,2% para consumo problemático de sustancias.
Entre los factores que pueden aumentar el riesgo de depresión en adolescentes se incluyen problemas de autoestima (como obesidad, malas relaciones con sus compañeros, acoso o dificultades académicas), historia familiar de depresión o ansiedad, eventos traumáticos o cambios significativos en la vida, así como problemas de salud mental en otros miembros de la familia.
La investigación titulada «Depresión, ansiedad y estrés en el sistema educacional chileno: prevalencia y variables de niños y adolescentes post pandemia», publicada en Frontiers y desarrollada por los destacados profesionales Jonathan Martínez y María Mercedes Yeomans, revela que más de un 60% de niños y adolescentes presentan síntomas de depresión y ansiedad.
En nuestro colegio, según el Informe Spicoeducativo de abril 2025, el ciclo de enseñanza con mayor prevalencia de adolescentes con desregulaciones emocionales es el de Enseñanza Media, con un 46,4%. En este grupo etario la mayoría de los casos tienen que ver con ansiedad, depresión, baja autoestima, manejo de impulsos, desregulación emocional, problemas de apego, déficit en habilidades sociales, vínculos amorosos, conducta social alterada.
COMPRENSIÓN DEL HECHO
A menudo se culpa a la pandemia por los problemas de salud mental que enfrentamos, y aunque es cierto que los agravó, estos indicadores ya venían deteriorándose. La pandemia sólo intensificó los síntomas que hoy vemos en las aulas. Los profesores, en su rol diario, se sienten desbordados y sin el apoyo necesario, ya que, en la práctica, han tenido que asumir múltiples roles, como el de padres, psicólogos y psiquiatras, frente a una grave desregulación emocional en niños y adolescentes.
La utilización de teléfonos inteligentes se ha convertido en un indicador clave de problemas de salud mental. Al comparar a niños y adolescentes que usan teléfonos inteligentes con aquellos que no, se observa que los primeros tienen una mayor probabilidad de enfrentar problemas psicológicos. Esto respalda investigaciones internacionales que indican que el entorno virtual impacta negativamente la salud emocional de los jóvenes.
El acceso inmediato a información y entretenimiento fomenta una tendencia hacia la impulsividad, ya que los niños ya no desarrollan la capacidad de tolerar la frustración. La inmediata disponibilidad de estos dispositivos impide que aprendan a esperar o lidiar con el aburrimiento. Como resultado, se ven más propensos a experimentar ansiedad, estrés y depresión, ya que el uso constante de los teléfonos inteligentes incrementa los refuerzos inmediatos.
Más adelante expondremos otros factores que están incidiendo en este fenómeno.
Los datos muestran, también, que las niñas presentan peores indicadores de salud mental que los niños, con niveles más altos de depresión, ansiedad y estrés. Esto podría estar influenciado por factores culturales, el hecho es que existe una clara disparidad entre géneros.
Otro dato relevante indica que los niños y niñas de 12 años presentan los mayores niveles de deterioro en salud mental, coincidiendo con un momento de transición clave y con la mayor tasa de deserción escolar al pasar de octavo a primero medio.
Por lo tanto, es fundamental que las familias asuman su rol y responsabilidad en esto. Debemos avanzar hacia lo que llamamos «alfabetización en salud mental», lo que implica que es necesario conocer más sobre los problemas psicológicos. Hablar de estos temas no significa que uno los padezca. Muchas veces, evitamos hablar de la depresión por temor a desarrollarla, pero la realidad es que, al aumentar nuestro conocimiento sobre salud mental, también mejoramos nuestra salud mental.
Es importante, entonces, que en los establecimientos educativos y en las familias se hable sobre la salud mental, informando a niños y adolescentes sobre la existencia de estos problemas y las opciones de tratamiento disponibles.
Pues bien, en eso estamos. Y nos preguntamos si existe alguna vacuna que nos proteja del sufrimiento sin sentido, de esas emociones que nos aplastan y matan. En otras palabras, ¿podemos hacer algo para enfrentar esos preocupantes índices de salud mental que comentábamos hace un momento? Claro que sí. Existe una vacuna. Pero no es magia. Debemos cultivar el antídoto que habremos de inocular luego. El antídoto es una hormona llamada oxitocina, conocida también como la hormona de los abrazos.
¿Qué son las hormonas? Las hormonas y los chasquis.
Recordemos que los chasquis eran mensajeros especializados en el Imperio Inca. Su función principal era transmitir mensajes y bienes a largas distancias, a través de un sistema de caminos que se extendía por más de 30.000 kilómetros. En este sentido, las hormonas se parecen a los chasquis. Ellas son sustancias químicas que recorren nuestro cuerpo para transmitir señales (o mensajes) y, así, controlar procesos fisiológicos y comportamientos.
Uno de estos potentes mensajeros es la oxitocina, presente allí donde hay lazos humanos. Es la hormona del amor, del abrazo, de la salud emocional. Para comprender mejor su rol en nuestros estados de ánimo, primero debemos conocer a otra amiga llamada cortisol.
El cortisol es la hormona del estrés. Su función o misión es prepararnos para la lucha en momentos de alerta o amenaza. Sea que peleemos o arranquemos, allí está el amigo cortisol. Por ejemplo, al tomar el control «del avión ante un peligro», es el responsable de que se nos acelere el corazón, respiremos más rápido, sudemos, temblemos, se alerten todos los sentidos, nos duela el estómago o se nos quite el apetito, se nos seque la boca o tengamos sensación de ahogo. Son alertas y preparativos para el combate. Por lo tanto, suele trabajar junto con la adrenalina cuando se trata de enfrentar desafíos inmediatos; por ejemplo, cuando debo arrancar.
El punto más preocupante es que el cortisol también está presente en el transcurrir cotidiano y ordinario de la vida. Es decir, se activa cuando nos encontramos con personas algo tóxicas, o debo asistir a una reunión incómoda, o estoy teniendo problemas con mis hijos o pareja, cuando las cosas van mal en los negocios. Entonces, debemos entender que el cortisol es una hormona cíclica: se libera más al despertarnos, decrece a lo largo del día y aumenta ligeramente al anochecer (para prepararnos al día siguiente o regular nuestro sueño). Pero, lamentablemente, nuestra mente ni el cuerpo diferencian una amenaza real de una imaginaria. Y aquí es donde nuestra vida puede comenzar a complicarse más de la cuenta.
De este modo, el temor a sufrir un nuevo accidente (si lo sufriste), por ejemplo, provoca en el cuerpo la misma reacción que cuando lo sufriste. El bombardeo de cortisol caerá tupido y parejo. Y así, andaremos siempre en alerta.
El cortisol es necesario y beneficioso para el organismo. El problema viene cuando somos bombardeados constantemente por él. Entonces, el cuerpo se intoxica de cortisol. Y la intoxicación termina dañando todo el cuerpo. El cerebro se estresa. Quedamos expuestos a depresiones y a contraer todo tipo de enfermedades e infecciones.
Cuando una persona anda siempre triste, angustiada, molesta, con cara larga, a la defensiva, cuando todo le hace mal, etcétera, no es que le hayan hecho «un mal de ojo», sino que, lo más probable, es que esté intoxicada de cortisol.
Pensemos que la vida actual contribuye a que andemos inflamados, intoxicados de cortisol. Cuando decimos «ando con la vena hinchada», ¿qué estoy diciendo? Pues que ando intoxicado de cortisol, listo para la pelea. Pero eso no es lindo, porque nuestro cuerpo y nuestra mente se enferman. Típico que te tirita el ojo, ¿cierto? O te da gastritis, dermatitis, te arrugas, se te cae el pelo, baja el deseo sexual, te cuesta dormir y un gran etcétera. También podría haber fallos de atención o pérdida de memoria y cambios en la conducta.
A nivel de conducta, podríamos preferir aislarnos a relacionarnos.
Como hemos dicho, una pequeña dosis de estrés no está mal. Es la respuesta de nuestro organismo a una amenaza real o imaginaria. Lo dañino viene cuando, desaparecido el peligro real, la mente y el cuerpo siguen percibiendo un riesgo, un peligro. Ahí ocurre la intoxicación de cortisol.
Por otra parte, sabemos lo importante y determinante que son los primeros años de vida en el desarrollo de una persona, ¿cierto? Pues bien, si alguien ha tenido una infancia traumática o se ha visto expuesto a agresiones físicas o psicológicas en su entorno, tiene más riesgo de sufrir en el futuro trastornos del estado de ánimo. Hay ahí temores latentes que lo mantendrán siempre en alerta.
¿Es posible mejorar o sanar de estos sufrimientos auto inmunes? ¿Existe alguna vacuna de emociones positivas? ¿Puedes vacunar a tus hijos contra el «mal estrés», y de paso hacerlo contigo mismo? ¿Puedes ayudar a que tus hijos sonrían más y lloren menos? No solo puedes, sino que debes. El desarrollo actual de la neurociencia nos ayuda en esta tarea.
Y aquí es donde entran en escena nuestra amiga oxitocina y las formas para liberar tensiones, para desintoxicarnos del cortisol. Por ejemplo, un abrazo sincero, honesto, gratuito, puede aumentar la oxitocina y bajar el nivel de cortisol; y lo mismo una palabra oportuna, una sonrisa o un gesto semejante actúan como inyecciones de oxitocina.
La oxitocina logra contrarrestar la amígdala, que es la zona del cerebro encargada de la ansiedad. Una inyección de oxitocina baja la ansiedad, disminuye, por tanto, el nivel de estrés y ayuda a tener una actitud más positiva.
Pensemos en formas o rutinas familiares para inyectar oxitocina a los hijos. El objetivo es que la familia sea el CESFAM donde encuentro mi inyección de oxitocina, y no el centro de tortura que me sube el cortisol.
PARA EL DISCERNIMIENTO
Pensemos un caso hipotético en que su hijo/a padece una enfermedad cardíaca. ¿Usted lo traería al colegio para que el Equipo de Convivencia lo examine, diagnostique y, eventualmente, programe una cirugía a cargo del Equipo Directivo?
Ciertamente no, ¿verdad? Sería un absurdo. Pues bien. Los trastornos mentales que impactan en el pensamiento de las personas, en sus sentimientos, emociones, estados de ánimo y comportamiento son verdaderas enfermedades, y no meros berrinches o rebeldías. Y como tales, requieren de un especialista. Por lo tanto, si usted no traería a su hijo/a al colegio para ser curado de una anomalía cardíaca, ¿de dónde surge, entonces, la idea de que el colegio se debe hacer cargo de la salud emocional de su hijo/a?
Aquí estamos para apoyar y acompañar a las familias en este proceso. Pero la responsabilidad primera en la salud de los hijos/as recae en los padres o sus tutores.
Aclarado esto, conversemos de qué manera la familia puede prevenir enfermedades mentales en los adolescentes, ayudándoles a lidiar con sus emociones negativas.
Estrategias para Mejorar la Conexión Emocional y la Regulación Emocional en la Familia.
La conexión emocional y la regulación emocional son fundamentales para el bienestar de los adolescentes. A continuación, te presento algunas estrategias específicas que una familia puede implementar para mejorar la conexión emocional y la regulación emocional entre sus miembros, especialmente en los adolescentes.
Comunicación Abierta y Empática
Escucha activa: Presta atención a lo que dicen tus hijos y muestra interés en sus pensamientos y sentimientos. Por ejemplo, puedes preguntarles sobre su día y escuchar atentamente sus respuestas.
Validación emocional: Reconoce y valida las emociones de tus hijos, incluso si no estás de acuerdo con su perspectiva. Puedes decir algo como «Entiendo que te sientas así», o «Me parece que estás pasando por un momento difícil».
Comunicación clara y respetuosa: Expresa tus pensamientos y sentimientos de manera clara y respetuosa, sin juzgar o criticar. Por ejemplo, puedes decir «Me siento preocupado cuando veo que estás estresado» en lugar de «Deberías estar más relajado».
Actividades en Familia
Realiza actividades que promuevan la conexión emocional, como Jugar juegos de mesa o videojuegos juntos: Esto puede ayudar a crear momentos de diversión y unión en la familia. Hacer deporte o actividades al aire libre: Esto puede ayudar a liberar endorfinas y mejorar el estado de ánimo.
Cocinar o preparar comidas juntos: Esto puede ser una forma de pasar tiempo juntos y crear recuerdos.
Realizar proyectos creativos o artísticos: Esto puede ser una forma de expresar emociones y creatividad.
Modelado de Emociones Saludables
Muestra emociones saludables: Los adolescentes aprenden mucho observando a sus padres, así que es importante mostrar emociones saludables y manejar el estrés de manera efectiva. Por ejemplo, puedes hablar sobre cómo manejas el estrés y las emociones negativas.
Expresa tus emociones de manera saludable: Comparte tus emociones con tus hijos de manera saludable y constructiva. Por ejemplo, puedes decir «Me siento triste porque…» en lugar de «Estoy enojado contigo».
Enseñanza de Habilidades de Regulación Emocional
Enseña técnicas de relajación: Practica técnicas de relajación con tus hijos, como la respiración profunda, la meditación o el yoga. Puedes encontrar recursos en línea o en libros para empezar.
Fomenta la auto-reflexión: Ayuda a tus hijos a identificar y comprender sus emociones y pensamientos. Puedes preguntarles «¿Cómo te sientes en este momento?» o «¿Qué crees que está pasando?
Desarrolla habilidades de resolución de problemas: Ayuda a tus hijos a desarrollar habilidades para resolver problemas y manejar situaciones difíciles. Puedes preguntarles «¿Qué crees que podrías hacer para solucionar este problema?
Apoyo y Validación
Ofrece apoyo emocional: Brinda apoyo y consuelo a tus hijos cuando lo necesiten. Puedes decir algo como «Estoy aquí para ti» o «Te apoyo en lo que estás pasando».
Valida sus sentimientos: Reconoce y valida los sentimientos de tus hijos, incluso si no estás de acuerdo con su perspectiva. Puedes decir algo como «Entiendo que te sientas así» o «Me parece que estás pasando por un momento difícil».
Límites Saludables
Establece límites claros: Establece límites claros y consistentes para tus hijos, y explica las razones detrás de ellos. Por ejemplo, puedes establecer un límite de tiempo para el uso de celulares o videojuegos.
Fomenta la responsabilidad: Ayuda a tus hijos a desarrollar un sentido de responsabilidad y rendición de cuentas. Puedes darles tareas y responsabilidades en la casa.
Búsqueda de Ayuda Profesional
Busca ayuda cuando sea necesario: Si tus hijos están luchando con problemas emocionales o de salud mental, busca ayuda profesional de un terapeuta. No dudes en pedir ayuda si crees que la necesitas.
Recuerda que cada familia es única, y lo que funciona para una puede no funcione para otra. Es importante encontrar estrategias que se adapten a las necesidades y estilos de vida de tu familia.
¿Qué ganas con esto? Pues algo muy importante para una persona:
Fortalecer o sanar el apego, que es nuestra gran defensa contra los bombardeos de cortisol.
Modelar: enseñarles cómo poder hacer frente a situaciones de estrés.
Enseñarles a escuchar su propio cuerpo, a conocer su mente.
Piensa que para llegar adonde debe llegar y actuar, la oxitocina necesita un estímulo externo. Y ese estímulo viene de la percepción del entorno: si percibimos confianza, seguridad, conexión con quienes tenemos a nuestro lado, el cuerpo libera oxitocina. Si, por el contrario, percibimos amenazas, liberamos cortisol.
Voluntad e inteligencia
Usemos la voluntad y la inteligencia que tenemos para implementar estas rutinas, gestos y acciones en bien de los niños y adolescentes. Pero también a favor nuestro.
Los contextos familiares o personales pueden ser adversos, o muy adversos, pero seguimos siendo libres para decidir cómo los enfrentamos. No somos esclavos de las circunstancias ni de las hormonas. La invitación es a lograr las mejor versión de nuestras personas.
El ser humano va adaptándose a través de sus experiencias, de su bioquímica, de la mente y el alma, para llegar a ser quienes somos.